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Aunque los egipcios
utilizaron, hace más de cuatro mil años, sistemas
de elevación que se servían de la energía humana
e hidráulica, la construcción del primer ascensor
debemos atribuírsela a Arquímedes, en el año
236 aC.
Arquímedes
utilizó por primera vez un diseño cuerdas, poleas
y contrapesos para elevar cargas, sirviéndose de sus estudios
sobre las desmultiplicaciones y palancas. 
No obstante
la utilización de un dispositivo, basado en sus principios,
como ascensor propiamente dicho, tuvo que esperar varios siglos
aún.
Fue
en el año 80 de nuestra era. La construcción del Coliseo
Romano, durante el reinado del emperador Tito, con un nivel subterráneo
donde esperaban las fieras, los reos y los gladiadores el momento
de salir a la arena, exigió el diseño de grandes plataformas
elevadoras (podían dar cabida a más de cien hombres)
que los subiese hasta el nivel superior. Fueron, sin duda, los primeros
ascensores con características modernas.
En
el siglo XIX la invención de la máquina de vapor permite
construir plataformas elevadoras que, por primera vez, prescinden
de la energía animal o hidráulica. Este tipo de ascensores
es rápidamente adoptado por la industria, sobre todo en la
minería, uno de los sectores en los que es de vital importancia
el traslado rápido y seguro de cargas y personal desde grandes
profundidades.
Durante muchos
años, hasta mediados de siglo, los sistemas elevadores a
poleas con contrapeso y los hidráulicos que utilizaban agua
a presión para empujar un émbolo que corría
por un cilindro, y la fuerza de la gravedad para el descenso, compitieron
entre sí. La ventaja en simplicidad del sistema a poleas
era compensada por la seguridad que ofrecía el sistema hidráulico,
en el que un fallo nunca era catastrófico.
En
1853, un inventor llamado Elisha Otis presentó un sistema
de seguridad mediante trinquetes que detenían el ascensor
o plataforma elevadora en caso de producirse una rotura del cable.
Este invento, unido a la introducción del motor eléctrico
en el diseño de elevadores, gracias al ingeniero alemán
Werner Von Siemens, impulsaron la construcción de ascensores
y, con ello, la de edificios cada vez más altos. Esta concentración
de recursos gracias a la construcción en vertical, cambió
definitivamente la fisonomía de las ciudades más importantes
y fue uno de los factores que más influyeron en el desarrollo
de la moderna economía de mercado.
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